Me llamo Adrian y este blog es la libertad para escoger un camino cualquiera y preferir la soledad como argumento a la nostalgia.
Estoy tirado en mi cama, no puedo dormir, 13 cigarros en fila, 5 cervezas a la deriva, me patea el corazón. Ya no tengo alma, dudo que me quede un poquito de alma, detesto las cuatro paredes albicantes de mi cuarto, de mi celda, de mi jaula, como un vil reo de nocturnidad. Ya olvide mi nombre, los odio a todos, me odio, odio esta puta ciudad. Abro los ojos, todo es gris, todo está dand
o vueltas, a mi mente vienen cosas dolorosas, el maldito pasado llorón de siempre. Tengo miedo de mi soledad. Alucino cosas.
Veo a Lorena diciéndome que no me quiere más ¿Por qué no me quieres Lorena? ¿Por qué nunca fui suficiente para ti?
Veo a mi Madre peleando con mi Padre. Mi madre sujeta una navaja. Tengo 8 años ¿Por qué pelean papis?
Veo a mi profesor de Matemáticas tocando los pechos de mi enamorada en la azotea del colegio. Los veo besarse, se tocan. Los odio.
Veo a Martin Meléndez siendo brutalmente golpeado por unos amigos, por ser maricon, le hemos pegado fuerte; lo miramos con burla y desprecio, está sangrando, está llorando, nos está odiando. No me peguen muchachos, no me peguen mas - nos dice.
Veo a mi madre sollozar, la veo triste, la veo frágil. ¿Por qué lloras mami?
Veo morir a mi perra Alaska, no hubo dinero para llevarla al veterinario. La veo ladrar de dolor, la veo temblar, me mira con sus ojitos legañosos llenos de lágrimas. Tranquila Alaska, te vas a recuperar. Ella ha muerto. ¿Mami, Alaska ya se durmió para siempre?
Veo el día en que mi hermano me ha pegado porque le rompí su carro a control remoto. He resbalado, mi cabeza a rebotado en el filo de la escalera, me la he roto. Veo mi sangre y empiezo a llorar.
Veo a Lorena muy hermosa, radiante. Me ha dejado por ser idiota, por ser miserable. Me ha negado el último beso y se ha marchado detrás de la puerta. He llegado a mi casa, prometí no llorar. Otra vez incumplí mi promesa. Muerdo la almohada y aborto el dolor.
Veo a Carmen diciéndome que me odia. Le hice daño. Merezco mucho más que su desprecio. Me he vengado por el daño que otra mujer me hizo.
Veo al Cristo de la agonía, crucificado en una cruz de madera colgada en la pared de mi habitación. Tan triste, tan agónico, tan sangrado. ¿Acaso, a ti también debe dolerte mucho el corazón?
Estoy tirado en mi cama, todo me da vueltas y tengo el alma rota.