Me llamo Adrian y este blog es la libertad para escoger un camino cualquiera y preferir la soledad como argumento a la nostalgia.
Recuerdo como si fuera ayer mi primer día en la Universidad, caras extrañas, gestos fruncidos, miradas perturbadoras. Una extraña sensación de libertad y de prisión. Clase de “Desarrollo Personal” en el aula 402, con la Psicóloga Elsa Zavaleta. Presentación de cada alumno y todo ese floro de querer ser un gran profesional, en resumen, una mierda de clase. Primer trabajo universitario: para la próxima clase deben traer su talento y enseñarlo a todos.
DIA 1: EXPLORACION DE MI TALENTO
Mi segundo día en la universidad transcurrió de una manera normal, de inmediato uno se socializa con las personas más afines, busca un lugar, un espacio donde se sienta cómodo. Hice amistad con 3 chicos y 2 chicas, amantes del rock and roll, cigarrillos y la vagancia. Casi no entrabamos a clases, nos quedábamos en el campus, fumando y escuchando música, conociéndonos y rajando de los demás.
Jorge: y que talento de mierda piensan traer? - yo traigo mi pelota y hago cabezitas, a la mierda, me saco 20.
Matías: yo recito un poema que declamé en el cole. Una huevada fácil nada más.
Fiorella: ni id
ea ah! Aunque lo más seguro es que cante.
Diana: yo te hago al dúo y cagamos al resto.
Alonso: yo cuento un chiste de melcochita para amenizar la clase (risas)
Yo: traigo mi guitarra y toco cualquier cosa. (dudaba)
DIA 2: MALDITA GUITARRA
Descubrí que tenía un pequeño problema con mi talento, la verdad es que no sabía tocar muy bien, solo sabía una canción, y era una verdadera mierda. Había dejado de practicar un buen tiempo. Sonaba horrible la puta canción de “Lamento Boliviano” no obstante, si es que vas a tocar una guitarra, es preciso que cantes y en ese tema estaba mucho peor. Decidí que no iba a tocar, tenía que inventarme algún otro talento.
DIA 3: ¿LO VEZ? AHORA NO LO VEZ
Los días pasaban rápido. Me puse en acción. Había pensado en algo genial (en realidad la idea era una mierda) había optado por hacer magia. Compre un cuadernito de trucos y empecé a practicar en la soledad de mi habitación con la reina de corazones, pañuelos, bolitas, monedas y todo lo que pudiera desaparecer. Me pase toda la puta noche tratando de camuflar una moneda entre mis dedos y no lo pude conseguir, mucho menos aprendí el truco de adivinar cuál es tu carta. Todo era muy difícil, mis manos eran torpes, lentas, viles, iba a quedar en ridículo. Tiré a la basura el puto cuadernito de magia y me dormí derrotado.
DIA 4: PROBEMOS CON POESIA
El único poema que había escrito, era cuando tenía 8 años, para mi mamá en el día de la madre. Lógicamente no iba a recitar ese, ni mucho iba a escribir uno porque sencillamente no sabía que carajos escribir. Busque un viejo poemario con poemas memorables, elegí uno sencillo y no tan largo. Poema 15 de Neruda, aquél que dice: me gustas cuando callas porque estas como ausente…
Durante las próximas 5 horas, lo único que había aprendido era: me gustas cuando callas, ahí me quedaba, todo se me nublaba, tenía que volver a leerlo. Era un fracaso, era increíble que no pudiera retener unas miserables estrofas. Abandoné el rubro poético y decidí inventarme cualquier otra estupidez. Empezaba a odiar ese tema del talento, empezaba a odiar la universidad y ese tonto curso de desarrollo personal.
DIA 5: QUE VIVA LA FIESTA
Aquel sábado ni siquiera pensé que talento buscarme. Me fui a una fiesta, bebí toda la tarde y parte de la noche. Llegué borracho, me tire a mi cama y adiós al talento. Un día perdido sin inventarme un tonto talento. Se aproximaba el día y yo un no sabía que hacer. En mi borrachera recordé épocas escolares y mi gran habilidad con el hula hula. ¿Podría ser no?
DIA 6: ¿HULA HULA? ULTIMO RECURSO
Ok, nada me había funcionado, era un desastre, un “atalentado” (en realidad esta palabra no existe). Al día siguiente iba a quedar como el idiota sin talento. Recordé que en el colegio era un capo con el hula hula, podría estar más de media hora con esa estupidez dando vueltas en mi cintura, era un poco femenino, pero no tenía otro recurso. Lo pensé mucho, practique y para sorpresa mía, el bendito aro de plástico no se mantenía ni 5 minutos dando vueltas. Eso ya era el colmo de los colmos, el fracaso de los fracasos, era un papanatas. Ese día descubrí, que era un chico sin talento o quizás, mi talento era el no tener talento (ok, eso suena estúpido)
DIA D: SIN TALENTO
Mis padres me mandaron a la universidad, mi madre me dijo: dile a tu profesora que tu talento es el no tener vergüenza. (¬¬)
No tenía el coraje de mirar a la cara a mi profesora. Decidí escribirle todo lo que había pasado durante la semana por conseguirme un maldito talento. Un relato extenso que se llamaba “EL CHICO ATALENTADO”. Cuando estaba en el salón, y veía desfilar a cada uno de mis compañeros, hacer una y mil cosas, me sentí un fracasado. Antes de iniciar la clase, le había entregado mi historia a la profesora, para que no me llame al frente y evitar la vergüenza. Para mi sorpresa, escuche mi nombre:
A continuación, su compañero Adrián, nos leerá su historia. Su talento es escribir. Y por lo que leí, lo hace muy bien. Silencio y escuchemos.
Me paré al frente de todos, mire a la profesora, a mis compañeros, me pasé la saliva y empecé a leer mi historia. Al terminarla, escuché el aplauso de todos, era como volver a la vida, era como volver a ser alguien, era como ser un ESCRITOR.